CREATIVIDAD Y LITERATURA.
Ser otro, es mi destino. No sólo el
olvido. Espejos y laberintos no bastan para abarcar una obra. Jugué con el
tiempo ¿ Será por ello que deberé pagar el precio de “instantes” ajenos?
Funestos
memoriosos intentan explicarme. Saramago –el nobel- me ternó con Kafka, con
Pessoa. Escribí ficciones. Ahora soy yo una de ellas. Conviví con los clásicos.
Ahora voy a ser uno de ellos.
Prisionero
de una extraña pesadilla, visité la ciudad de los inmortales. Ahora vivo en
ella.
Es
un mundo sin la muerte y la brújula, sin tiempo y sin memoria. En el mundo que
dejé, es fama, todos habla de mí, muchos me hacen homenajes, pocos me leen. Mágica
impostura, historia universal de la infamia. Nadie es alguien; soledad; el
inmortal es todos los nombres.
Soy,
fui, seré el hijo, aquel, quien en presencia de su madre no podía admitir su
gusto por el Martín Fierro. Soy, fui, seré, el hijo de aquel Jorge Guillermo,
quien me dio su apellido. Soy el escritor del Aleph: una pequeña esfera de vida
que contiene el cosmos infinito, en inasibles formas que adivino.
Para
mí, ser Borges es fatal como la fecha; en la literatura, está la fama que
acecha.
En
mi autorretrato” Borges y yo” concluía: “ No sé cual de los dos escribe
esta página” . Desde la eternidad puedo afirmar, sin exagerar: nosotros,
Borges y yo, nos dejamos vivir para que el Aleph, a través nuestro, pueda
tramar la literatura. Y esa literatura nos justifica.
"La vida, a veces, nos
invita al pecado. Estoy hablando de ti y de mí. Se produce un ¿mágico?
encuentro.
Perdón por estas confidencias ¿Sabes
que sucede? La melancolía es esclavitud del alma. Pero deja, no quiero, hoy, que
finjamos con máscaras y poses. Acaso él ¿no te dejó en la espera? Deja ya, la
soledad del ocaso. Háblame de tu plenitud, que es lo que cuenta. Festejemos el
éxtasis, sin indiferencia, de los recuerdos de una infancia, con complicidad: tu
mirada es la mía".
él iza las calles, por
los barrios cantando, como cometas pétreos, casi, ingrávidos por la imaginación;
son ensueños, que retornan como recuerdos de la infancia, de cuándo su
indiferencia se volvió, en mí, complicidad.
Ella, creo, me decía:
escucho al olvido que me habla de ti y yo, no, no la podía
escuchar, la interrumpía, le gritaba: ¿es posible renacer? Yo le preguntaba
desesperado ¿un yo desdoblado? ¿Cómo? ¿ si fuera dos cuál ganaría?
Hoy, ya me quedé,
sólo, sin más de ti, únicamente ¿vivo? entrelazando sueños; la única,
última, esperanza sería si el final fuera tan solo el principio, entonces
cantaría y abriendo alas, tal vez, sentiría que tu aroma es mi recuerdo.
Hoy, ya sólo uno,
concluir, morir feliz, así de simple es la eternidad.
Azul… Azul inmenso… Azul muy profundo casi... insondable…. abismal…
inquietante… transporta: desde el dominio del yo al vagabundeo del ser.
Azul mar, marino, mar
y no, no tierra…, zambullida, grave, fatal atracción ¿vive la muerte?
Azul del cosmos, azul
del… , anochecido… mezcla del sueño…, fondo del relámpago, pulso de la
oscuridad… late, gira, latiendo se traslada…, rota y se va…
GRITO.
Grito, fuerte,
mayúsculo, sentido.
Grito asombro… grito
gritado, gritado por grietas de dolor, dolor que empuja, emerge, asusta.
Grito que quiere ser…
del ser que grita por no ser quien puede ser, desencuentro…
Grito con bronca,
desafinado prepotente, primitivo de repente, altivo impotente, condensado y
potente, intrigante...y, ahora, potente.
Grito que no es
gemido, es reproche, es pedido.
¿POR QUé JUNTAS?
¿Por qué estas
palabras juntas? ¿ Por qué estas dos y no otras?
¿Por qué azul porqué
grito? ¿ Por qué pregunto por qué?
Danza de palabras.
Danzan las palabras en el escenario literario.
¿Quién es el
coreógrafo? Dos palabras en busca de uno. ¿Lo encontrarán?
¿Cuánto tiempo pasará
para que alguien, tal vez, nuevamente las combine?
Grito azul - azul
grito.
En el dibujo de las
baldosas se ensimismaba la vereda. El agua estancada jugaba a ser espejo, ramas
de un árbol y el cielo entre las hojas se reflejaban en ella. El motor de un
radiotaxi disputaba con el canto de los pájaros mi atención auditiva. El
contacto de mis pies
con la humedad de los
adoquines ponía en riesgo mi estabilidad. El aroma del café escapaba por una
ventana circular. La voz de aquel niño, ya casi hecha grito, porfiaba, insistía
en sus caprichos. Al elevar la vista una pérgola de madera, recién construida,
reticulaba las nubes nómades. Los papelitos esparcidos por la vereda del colegio
insinuaban la fragmentación de la república. Gritando, a su teléfono celular,
escuché la voz de alguien que dijo llamarse José -No, no tengo plata, veníme a
visitar vos, es mi cumpleaños, adónde…, bueno… , chau. Los ladridos de un perro
retumbaban, se repetían en ecos sucesivos viajando por el acceso del edificio.
El sonido del freno de mano me anticipó la llegada de mi amada. Elisa, con su
mejor intención, me sonrió, me acarició con su mirada. La recibí con mis ganas y
con mi abrazo sostenido; ella se dejó sostener soltando las fatigas del día.
Caminamos por Buenos Aires.
Otros, ellos, antes, podían, acceder al recuerdo infantil. Otros,
en la cocina, gracias a su memoria, podían recuperar vivencias. Ellos, en el
atardecer, inventaban la memoria involuntaria. Antes, en el atardecer, sacaban,
a la superficie, a partir de la magdalena, el tiempo vivido. Ahora, yo, reitero
mecánicamente, mojaduras entetadas, y no se produce la magia, tiempo perdido.
Otros contaban con Céleste, la criada, a ellos le preparaban la infusión, la
taza de tilo, no de té, le preparaban las tostadas, no la magdalena, y dejando
humedecer la tostada, en la tila, sintieron, un estado de felicidad absoluta,
les retornaba, el momento mismo de su infancia, previo al antes, antes del antes
del ahora. Antes del antes, antes, ahora, decurso del tiempo, tiempo pretérito,
tiempo infantil, tiempo perdido, tiempo presente, en busca del tiempo perdido,
tiempo vivido, tiempo reencontrado, tiempo de Combray, tiempo real. Y yo no saco
nada, no tengo a Céleste, no tengo a Combray, y no sé que la memoria es
involuntaria, y me olvido que no soy Proust. La verdad que otros buscaban, no
estaba en el brebaje, no estaba en la magdalena, ni en la tostada, estaba en
ellos, en su inconsciente. Y yo, con la galletita, en parte disgregada en mi
boca, en parte diluida en el frío del té, puedo sacar, ahora, en este amanecer,
en este verano caluroso, sólo el sudor.
Las cartas de truco
forman un universo, tienen, me parece, sus propias leyes, sus jerarquías, sus
valores, sus estructuras de parentesco, significados simbólicos; tienen un mismo
destino, pero a su vez como en la vida, pueden tener diferentes alternativas en
cada juego, en cada mano. Hasta pueden formar flores.
Ellas saben que pueden
ser amadas, odiadas, esperadas, recordadas, maldecidas.
Pueden estar gastadas
como neumáticos interiores de un camión, ajadas como las ilusiones de una
romántica incurable, marcadas como las licitaciones oficiales, rotas como
juguetes o nuevas a estrenar como un título universitario.
¿Qué pasaría si las
espadas se independizaran de su marco, si las copas se llenaran de bebidas
transgénicas? ¿Si los bastos nos sirvieran para quemar algunas penas y los oros
para pagar viejas deudas?
El juego de la vida
¿es? como el juego de truco ¿es? como el juego de la vida ¿es? como el juego del
juego ¿es? como el truco del juego ¿es? como el truco en las cartas ¿es?
Juan Primero entró en
la casa. Serían las nueve y treinta de la noche. En el hall de entrada acomodó
esmeradamente su sombrero. Juanita Primera escuchaba el “gloria” de Vivaldi. No
la saludó. Caminó hasta la cocina. Tenía hambre. Vió con su imaginación lo que
su gusto anhelaba. Milanesas napolitanas. Sería perfecto. Tenía el corte de bola
de lomo de ternera en el freezer. Tenía la salsa preparada desde ayer. El queso
comprado por Juanita Segunda en Norte era exquisito. Recordó que Juan Segundo
le había regalado una botella de vino chianti para el día del padre. Se lavó
las manos prolijamente tres veces. Sacó la carne. La colocó despacio sobre la
tabla de madera rojiza. Le gustaba cortar las milanesas muy, muy finitas. Era un
notable maestro con el cuchillo. Juanito Tercero lo apodaba cariñosamente “el
cirujano”. Abrió el segundo cajón del lado izquierdo. Su mano derecha
espontáneamente había adoptado la forma del mango de su querido cuchillo. Juan
Primero se sobresaltó. Su mano no lo encontraba, su vista, ahora, no lo veía, el
cuchillo no estaba, no se hallaba en su sitio. Juan Primero gritó, gritó de
indignación, gritó de desesperación. Juanita Segunda escuchó un débil sonido,
extraño. Juanita Primera ya en la gloria sólo escuchaba a Vivaldi. Juanita
Segunda preocupada buscó a Juanito Segundo en su dormitorio. Lo Encontró.
Juntos fueron hasta la cocina. Serían las diez de la noche. Juan Primero
enfurecido, alienado, ya totalmente fuera de sí, había dado vuelta todos los
cajones, las alacenas, los bajo mesadas, y nada, absolutamente nada. Su
cuchillo favorito no estaba. Juanita Segunda y Juanito Segundo trataron en vano
de calmarlo. Sabían por experiencias anteriores, lo peligroso de la situación.
Se ofrecieron para buscar el precioso instrumento por toda la casa. El monito
Segundo los miraba. La mona Primera también buscaba. Hasta Juanita Primera tuvo
que descender de la gloria celeste y se puso a colaborar en la búsqueda del
prosaico cuchillo. Juan Primero golpeaba las paredes preso de una crisis
nerviosa muy intensa. El mono Primero se asustó. Los demás Juanes y Juanas
seguían buscando el cuchillo con la esperanza de calmar a Juan Primero. Pasó
casi una hora. Juan Primero finalmente murió. Todos estaban tan ocupados que no
lo advirtieron. El monito Segundo sacó de su escondite el tan buscado objeto.
Serían las once de la noche cuando salió de la casa. En la alcantarilla de la
esquina arrojó el cuchillo, luego se perdió en la noche.
Existen personas en
nuestras vidas que nos hacen felices; no es por simple casualidad -creo yo- que
se han cruzado en nuestra ruta.
Es lindo recorrer el
camino junto a seres queridos, estimados, viendo soles y lunas pasar.
No creo que una hoja
de árbol caracterice a cada uno de nuestros amigos; la hoja del árbol es
mensurable, en cambio un amigo, para mí, puede llegar a ser infinito.
El tiempo deviene, el
verano se retira, el otoño llega y empezamos a perder hojas.
Cada persona que
conocemos es única. Siempre nos regala un poco de sí y recibe un poco de
nosotros. Habrá los que recibieron mucho, pero no habrá de los que no nos
dejarán nada.
Es misteriosa la vida,
es insondable. Algunos amigos nos acompañan sólo unos momentos en nuestro
camino; otros comparten nuestro caminar a través de los años..es muy grato
sentir su presencia; otros, quizás, nos están esperando …es muy grato presentir
su presencia.
Se levantó de su
sillón, giró la cabeza, miró por la ventana.
La noche penetró en
ella, sintió la presencia; recordó la fuerza de aquella palabra: shekinah.
El humo del sahumerio ascendía, la música la elevaba, el libro se deslizó en
silencio. Recitó una vez más ¿la última? aquellas palabras. Lloró; descendieron
lágrimas ennegrecidas. El timbre del teléfono la alteró, dudó ¿sería él?; el
pasado insistía; su voz, la de él, resonó en su corazón, vibró en ella. Sonrió.
Amanecía.
La memoria
olvido del presente.
Evocar el no presente.
Revivir el pasado
desvivir el porvenir.
Incitación a rememorar.
Conservar:
huellas,
marcas,
latencias,
impresiones,
imágenes.
Reviviscencia de una fijación.
huella mnémica.
Recuerdo memorándum,
encubridor.
Un memo que podrá ser
no tan memorable.
Re-presentación asincrónica
a
la presentación.
Presencia ausente, en el presente.
Remembranza de
aquella histórica búsqueda
la de Proust
del tiempo perdido,
del tiempo vivido.
Otros tiempos hay,
los de Zeus,
hijo de Cronos,
dios del tiempo cronológico.
Resignificación.
tiempos lógicos,
no cronológicos.
Mnemotécnico quizás,
Funes, el de Borges,
el memorioso.
Mnemósine,
hija de Urano,
diosa de la memoria y
madre de las musas.
Las musas:
"
Inspiración "
Bienvenida a la vida.
Vida
Devenires
acontecimientos
tiempos de creación.
Hay tiempos otros
los de destrucción
los del olvido.
Muerte
Morimos
-
cuando nadie
nos recuerda -
todos los hombres.
Morimos
cuando ya nadie
nos nombra:
Todos los nombres.
Vivimos, canta Atahualpa:
"… y en nosotros nuestros muertos
para que nadie quede atrás".
Memoria, reminiscencia,
balance
Conmemorar la memoria
en un texto
escritura testimonial
Memorias abiertas
infinitas, múltiples.
Sirve una casa para habitar
Sirve una bandeja para transportar
Sirve la cama para soñar.
Manos que escriben sobre sueños
sueños que engarzan imágenes
imágenes que recuerdan intentos
intentos vanos, casi siempre
casi siempre, vanos intentos
de expresar con palabras
palabras que interrumpen silencios
silencios que nos angustian …
La literatura ¿sirve?
Tal vez, para aliviar la angustia
Tal vez para callar al silencio.
En el momento último, postrero
Alcancé la verdad tan anhelada
Trascendí la ausencia acuartelada
Descubrí, por fin, el ser supremo.
Dijo Borges, el lúcido, en Ficciones
De aquel Heráclito el oscuro:
El aire de montaña es el más puro
El inmortal sólo transita eones.
Cortazar juega a la rayuela
Onetti junta cadáveres
Férreos los versos de Hernández
Sarmiento, escribe, hace escuela.
Es vano intentar lo inexpresable
En hora del argentino olvido
En tierra de criollos es destino
Olvidar nuestros entrañables.
¿Por qué vivo en el amor verdeazulado?
Canto y no responde.
Mi corazón se agita.
Flor de jazmín tu arrastras mi corriente.
Vivo otro cielo, otra tierra.
Gestos que perfuman el aire.
Pasan tus ojos a la deriva.
Solos y frente a frente, tu y yo
Por instantes.
Nos mirarnos.
Es noche. Alzo mis sueños
Tocan las estrellas.
Respiramos sin precipitar
Alargamos la noche.
¿Cúal
es mi sombra?
¿Qué es la sombra?
¿Me sigue siempre o a veces se olvida de pertenecerme?
¿Le puedo sacar fotos a mi sombra?
¿Puedo pintar el recuerdo olvidado de mi sombra?
Puedo escribir, sobre el olvido de mi sombra,
esta noche ensombrecida de luna nueva.
¿Puedo intentar desasustarme de su negrura inquietante?
¿Cómo escapar, de los lugares comunes, de sombras sombrías?
El centro de mi sombra ¿Participa de ocultas raíces asimétricas?
El camino de búsqueda ¿se pierde en las sombras del azar?
El pensamiento asombrado
¿Pertenece a la sombra del cerebro con sombrero?
Ensombrecidos destinos ¿Naufragan? en oscuros mares desvividos.
La pasión ¿Aumenta los riesgos? de la aproximación amorosa asombrada.
¿Qué superficie abarca mi sombra, cuando estoy encogido por pesares, cuando
estoy expandido por euforias, cuando estoy dormido soñando?
¿Puedo invitar a mi sombra a tomar un café en la vereda?
A
veces, me parece que, mi sombra es compañera.
Carlos
Churba.
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